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¿Necesidad o vicio?

agosto - 28 - 2009 1 Comentario

La fidelidad en la pareja es el compromiso más difícil

La fidelidad en la pareja es el compromiso más difícil

Hoy en día no es tan difícil encontrar a gente que haya sido infiel alguna vez en su vida. De hecho, lo complicado es encontrar algún ejemplar de esa especie en extinción que sabe autocontrolarse y no ha caído nunca en la tentación carnal.

A muchos/as les ha venido como anillo al dedo que se haya extendido el dicho de que “el hombre es infiel por naturaleza”, y utilizan esta frase para justificar sus debilidades. Existen muchos motivos que pueden llevar a una persona a ser infiel pero, al final, ninguno tiene una razón de peso suficiente para argumentar ante su pareja.

Capacidad de raciocinio: nuestro signo de diferenciación

La razón es lo que distingue al ser humano del resto de animales. Con el paso del tiempo, adquirimos conocimientos, normas sociales, que interiorizamos en nuestra razón. Una vez adquiridas, aplicamos estas pautas en la práctica, que son las que nos hacen distinguir lo que está bien de lo que está mal.

Otra de las cosas que nos diferencian del resto de seres vivientes es que tenemos la capacidad de enamorarnos, de sentir afecto, de querer. Para que estos sentimientos perduren, la norma social que se ha establecido es la de “ser fiel a nuestra pareja”, pauta que va directamente relacionada con el respeto hacia esa persona.

Por tanto, puede que el ser humano, por naturaleza, sea infiel. Pero hoy en día, esto se contrarresta con la premisa de que todos crecemos bajo normas sociales y vivimos adaptándonos a ellas. No nos cuesta ningún esfuerzo aceptar que, en la sociedad actual, todo el mundo vive bajo un techo, come comida caliente y duerme en cómodas camas. Por tanto, quien esté dispuesto a adoptar las conductas primitivas del ser humano para justificar su infidelidad, debería estar dispuesto igualmente a vivir en cuevas, cazar, comer crudo y vestir con pieles.

Estamos rodeados de tentaciones. A veces, sentimos ganas de darle un tortazo a la dependienta que nos atiende sin ganas, de quedarnos en casa durmiendo y no ir a trabajar, o de atracar la sección de dulces del supermercado cuando estamos a dieta. Si no lo hacemos es porque sabemos que no debe hacerse, bien por cumplir las normas sociales, o bien por seguir unas pautas para conseguir un objetivo.

En el caso del amor, el motivo es doble. En general, está mal engañar a tu pareja, supone una falta de respeto hacia ella y una falta de compromiso y madurez por tu parte. Pero, además, sabemos que es una de las cosas que no hay que hacer, si queremos que funcione y sea duradero.

Excusas frecuentes: “La carne es débil” o “Estaba borracho/a”

Si dejamos que las tentaciones o el alcohol se apoderen de nosotros, perderemos la capacidad de dominar nuestros actos. No hay nada mejor que sentir que llevamos el control de nuestras vidas, y si nos dejamos llevar por los impulsos frecuentemente, acabaremos recopilando una buena colección de decisiones de las que nos arrepentiremos a posteriori.

No obstante, ninguna de las dos excusas es suficientemente convincente. Como hemos dicho, en el fondo todos tenemos grabado aquello que está socialmente aceptado y lo que no. Por muchas copas que hayamos bebido, a nadie se le ocurre tirarse por la ventana de su casa, por muy ídolo que sea de Superman. Entonces, ¿por qué el alcohol se expone como la excusa de oro para librarse de toda culpa?

A veces, el problema no es tanto de quien intenta escaquearse de las consecuencias, como de quien está tan ciego que acepta como válido todo aquello que su infiel pareja le cuente. En caso de que seas la víctima, debes pensar muy bien si merece la pena continuar con la relación y si te ves capaz de volver a confiar en esa persona.

Al final, todas las infidelidades tienen ciertos factores en común. Falta de compromiso, falta de madurez, falta de respeto hacia la pareja, avaricia (es mejor dos que uno/a), incapacidad de tomar decisiones, inseguridad en uno mismo, necesidad de escapar de la relación en la que vive y cobardía.

Unos últimos consejos: Si tu pareja no funciona, es mejor ponerle fin a tiempo que iniciar otra relación paralela o tener algún que otro desliz. Si eres incapaz de controlar tus impulsos, aléjate de las situaciones en las que te veas tentado/a. Si con el alcohol no controlas, bebe menos.

Como ves, con la cabeza fría, todo es más sencillo de lo que parece.

Un Comentario

  1. Cachuli "Tesorero de españa" se viste de corto dice:

    Buen artículo. Pero a mi modo de ver te has quedado hasta corta Helena García. Bien argumentado todo, pero aquí las cosas claras: a tio/a que se le pille morreándose con otro/a (elijan color), zarascada en los morros, así se le quitan las ganas de ir salivando con lo primero que se tope. Se le pilla con arremucos sin ningún tipo de duda se le corta una mano (si encima luego se pone farruco con excusas tontas y lo requiere las dos), ya verás como a la próxima no anda tocando nada, bueno en todo caso que lo haga con un buen par de muñones. Y si por un casual tiene la osadía y el descaro de dejarse ver en situación salvaje como se lleva haciendo desde antes del homo erectus (erectus…. nunca mejor dicho), ahí directamente es cuando después de proveerle/a de un buen mechero ( arrebatado en un acto de locura al chino que pasaba por al lado vendiéndolos) se le invita cordial y gentilmente que te acompañe a tu propia casa a que revise un escape de gas que lleva así desde que tu último novio/a (vuelvan a elegir) tuvo la osadía de cometer tal acto.


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