La semana pasada nos sorprendió una noticia que venía directamente desde Londres. Y es que el portavoz de la cantante británica más polémica de todos los tiempos consiguió desengancharse de su droga más dura: su ya ex-marido Blake Fielder-Civil.
Amy Winehouse puso punto y final al desastroso matrimonio que mantenía desde hace ya dos años con este asistente de producción. Ahora, es libre oficialmente, pero los rumores sobre infidelidades y disparatadas condiciones del divorcio no le dejan recuperar la paz y el equilibrio interior que tanto necesita.
Una turbulenta relación
Amy y Blake se conocieron en el 2005 y comenzaron una relación algo extraña. Era común en ella las idas y venidas, el estar y no estar juntos, el contigo pero sin ti. Y de una relación tan turbulenta y compleja surgió en Amy la inspiración necesaria para crear las canciones de su primer disco, ‘Back to Black’, que le dio fama internacional.
En 2007 decidieron formalizar su relación y se dieron el ‘sí quiero’ en Miami, como si el matrimonio fuese a terminar con los problemas. Pero, como es obvio, este contrato no hizo que las dificultades que ya existían desaparecieran. Por lo tanto, su matrimonio siempre ha estado dominado por escándalos de toda índole, violencia, drogas y alcohol, hasta el punto de que Blake terminó en la cárcel por agresión.
En enero de este año todo comenzó a torcerse definitivamente. El portavoz de Blake, de 27 años, anunció que su cliente había pedido los papeles del divorcio desde la cárcel en la que estaba cumpliendo los 27 meses de condena. Y alegaba para ello una infidelidad en abril de 2008 por parte de la cantante, con un amante de identidad desconocida.
Ella reconoció su idilio para intentar arreglar su matrimonio en extremis, pero él estaba convencido ya de que la convivencia era ya imposible. Mientras ella defendía a los cuatro vientos su amor incondicional hacia Blake, él empezaba a rehacer sin ella. Al salir de prisión entró en una clínica de rehabilitación, donde conoció a una mujer de la que espera un hijo.
Mientras, Amy ha ido de mal en peor. Los excesos son, si cabe, más evidentes. Ha entrado y salido de rehabilitación en numerosas ocasiones, incluso estuvo varios meses recuperándose en la isla caribeña de Santa Lucía.
Un final necesario
Recientemente, Amy se ha dado cuenta de que su vida con Blake está totalmente acabada y que debe seguir adelante. Por ello, pidió el divorcio. Y el Tribunal Superior de Londres le concedió el divorcio express. En 75 segundos dos años de malos rollos se fueron por el desagüe. Y era algo que a los dos les venía que ni pintado.
Ahora, hay que mirar al futuro. Con 25 años, tiene una larga vida profesional y personal por delante. Acaba de volver al Reino Unido, con un aspecto mucho más sano y saludable, y está preparando su segundo disco. ¡Esperemos que tenga tanto éxito como el anterior!





