
Autoestima e inteligencia son las claves para resultar atractivos
Unos tanto y otros tan poco. Seguramente, en algún momento de nuestra vida ese pensamiento se nos ha pasado por la mente cuando hemos salido con nuestros amigos/as de siempre y hemos visto como nuestro amigo o amiga guapo/a ha ligado, como siempre relegando al resto a una triste contemplación de una escena familiar: guapo o guapa atrae al otro que enseguida, después de intercambiar unas cuantas palabras, facilita mansamente su móvil, dirección de messenger, tuenti… en definitiva su dirección de contacto.
Al resto, como siempre de una forma escalada le va tocando su turno. De esta forma, una vez ocupado el guapo o guapa, el resto de participantes en el arte de la seducción suele dirigirse (siguiendo casi siempre este órden) al atractivo, luego al normalito pero increiblemente simpático e ingenioso pero al gordo/a, feucho/a o tímido/a y normalito/a, uy, a ese/a que Dios se apiade de su alma porque nadie va a reparar en su existencia, y como mucho alguien le mirará de reojo perdonándole la vida al pasar.
¿Suenan crudas las palabras?, pues esta es la realidad nos guste o no y lo vemos todos los días. Sin embargo, tenemos un aliado: saber que aunque la escena anterior es muy común y casi todos la han pasado en su adolescencia o juventud, la subjetividad en cada persona es muy diferente. Eso sirve de gran ayuda a la persona media y poco resultona para ligar y ya de paso encontrar pareja, que ya se sabe que una cosa puede llegar a la otra.
Fabricando un producto
Saber ligar es como saberse vender muy bien. Todos lo hacemos todos los días: al realizar una entrevista de trabajo, en una reunión,etc. No quiere decir que corrompamos nuestra esencia. Esa tiene que seguir tal cual. Hay que tener en cuenta que para ligar podemos engañar y hacer ver que somos otra persona pero a la larga eso se nota y no gusta nada. Lo que atrae es la naturalidad.
Saberse vender no es ni más ni menos que saber sacarse partido. Es como pulir la superficie de un mueble para que brille y colocarlo en el lugar exacto de la exposición para que llame la atención de los consumidores y sin anunciarlo tanto que ya les canse.
En primer lugar, hay que pensar qué podemos ofrecer a la otra persona. Alguien mal cuidado y que no hace más que hablar de sí mismo como un pedante, de sus relaciones pasadas, de lo mucho que echa de menos el afecto de alguien, que se queja de su mala suerte o echa en cara las injusticias mundiales al otro como si él o ella tuviera la culpa de algo, tiene todas las papeletas para no comerse un rosco.
Las personas quieren a alguien que les complemente, les enseñe y a la vez les valore y en definitiva les de aquello de lo que carecen. También que les den ‘caña’, entendiendo como ‘dar caña’, no en ser una persona desconsiderada con el otro, que eso está muy mal, sino en ofrecer un equilibrio, una llamada de atención u opinión cuando el otro nos ha dañado u ofendido y un espacio para la otra persona. Los “guapitos” y “guapitas” están cansados de que los demás les sigan desinteresadamente y la persona independiente, segura e inteligente que les pueda ofrecer otras experiencias, resultan muy atractivas.
Pautas a seguir
Los pasos a seguir básicos y efectivos serían:
-En primer lugar asesorarnos bien y cuidarnos para sacar el máximo partido a nuestro físico. Es el que tenemos nos guste o no. Pero siempre lo podemos ‘tunear’. Hacer ejercicio y asesorarse sobre lo que nos favorece es fundamental.
-Entablar una conversación amistosa, ni acercarse de forma intimidatoria y por supuesto ser pacientes. Las prisas no son buenas consejeras. Por mucho que nos guste alguien, es mejor resultar amistoso e ir seduciendo poco a poco (incluso en varios días) hasta conseguir nuestro objetivo. La otra persona tiene que ver que no es el centro de nuestro universo y que no estamos dispuestos a tirar nuestra autoestima por la borda para complacerla.
-No hablar de uno mismo ininterrumpidamente que aburre bastante, ni tampoco es buena idea hacerle un interrogatorio (¿Cómo te llamas?, ¿Qué edad tienes?, ¿Dónde estudias/trabajas?..), eso es sinceramente espantoso y aburrido para la otra persona que ha salido a pasarselo bien y no a sentirse juzgado y obligado a responder.
Lo mejor es iniciar una charla, como empiece es lo de menos, mejor si se hace de forma ingeniosa y buscar los puntos comunes o las formas de pensar similares.
Un debate (siempre dentro del marco del respeto y sin juzgar) resulta muy estimulante. Esto resulta válido para cualquiera de las citas (en una cena, un paseo, una cita en casa..).
Es mucho más atractivo una persona misteriosa, que nos puede enseñar algo nuevo cada vez que estamos con ella y que va desgranando poco a poco sus inquietudes, que alguien que nos quiere juzgar, atar y desahogarse de sus miserias (que para eso, cada uno tenemos las nuestras).
Para finalizar, puntualizar que hacernos cómplices en nuestras actuaciones une a los participantes. Implica a la otra persona, déjala participar de forma que los momentos que pasen juntos sean relevantes, únicos y queden ganas de repetir.
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