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Las relaciones, llenas de tópicos

Las relaciones, llenas de tópicos

¿Por qué en las revistas masculinas no aparecen nunca artículos del tipo “cómo saber si tu chica es…” o “diez consejos para ser un buen novio”? Además de algo cultural, será porque nosotros no somos capaces de entender el complicado mundo femenino. Pero ellas, ¿entienden el nuestro?

Sin caer en tópicos es complicado dar, por ejemplo, diez consejos sobre cómo hacer feliz a tu novia, decir qué tendrá éxito seguro en una cita o desvelar la frase que consiga que la persona que te gusta se derrita… Así que trataré de no caer en los típicos tópicos para demostrar cómo son en dos situaciones clásicas.

El fútbol, ese gran desconocido

Por lo general, la actividad dominguera de irse al bar a ver el partido de tu equipo parece algo reservado para los hombres (muy hombres). El ambiente que mezcla cerveza, gritos e insultos mezclados con sudor, sangre y lágrimas metafóricas no parece el mejor para regalar a una chica.

Podríamos dividir a las mujeres en tres tipos: las que dicen “¿Al fútbol? Que vaya él solo”; las que no necesitan ser obligadas por su novio porque disfrutan de un buen partido; y las que van como mera compañía, como una muñeca de trapo que está pero sin estar. Las dos primeras, nada que objetar, pero las últimas…

Un aviso a las últimas: ¿por qué os martirizáis? Esa imagen de mujer florero sentada en una silla con cara de no enterarse de nada está un poco pasada. A lo mejor, tu novio estaría más tranquilo si no tiene que estar pendiente de si te aburres o no. Haz tú tu vida y ya quedarás con él cuando acabe el partido.

Porque ellas se creen que su novio se lo agradecerá. Esconden un acto egoísta en el más falso altruismo. Después, vendrán con la copla de “yo veo contigo los partidos, ahora tú sacrifícate por mí”. O ponemos fin a estas ridículas obligaciones inexistentes o mal va la cosa.

La temida pregunta trampa

Vale que sí, que somos simples, que no somos capaces de hacer varias cosas a la vez. Nosotros lo reconocemos e incluso nos reímos de los anuncios que se mofan de esa “habilidad”. Pero no somos tan tontos; la pregunta trampa no vale, es capciosa y debería tipificarse como delito en el Código Penal.

El que diga que no ha sudado ante la pregunta de “¿estoy gorda?”, y más cuando se acompaña con “pero sé sincero…”, miente. Es que hay que echarse a temblar. No tienes salida, digas lo que digas, vas a perder esa batalla.

Posibilidad número uno: Decirle que ha engordado unos kilitos. Has sido sincero, pero ella no quería escuchar la verdad. La petición de sinceridad era una mera pose en busca de cariño. Vas a la cárcel y si pasas por la casilla de salida no cobras los 20 dólares.

Posibilidad número dos: Decirle que no, que está delgada. Tampoco has acertado. Ella te dirá que es mentira y que no deberías tratar de engañarla. Ella se ve gorda, aunque no lo esté. Es el gran misterio de la mujer: tú puedes ver a una diosa que ella en el espejo sólo ve algo odioso.

Posibilidad número tres: Finge que te llaman al móvil y huye; huye lo más lejos que puedas hasta que se le olvide que ha hecho esa pregunta. Elige siempre ésta.

Si has llegado hasta aquí, te habrás dado cuenta de que no he sido capaz de no caer en los tópicos, pero seguro que no están tan alejados de la realidad… y los suyos, ¿lo están?


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