
La intolerancia es el mayor indicador de inseguridad
Como si la vida diaria no fuera lo suficientemente cansada, aguantar a una persona que continuamente protesta por todo supone también un ‘plus’ de agotamiento. Cuando decidimos compartir nuestra vida y nuestra intimidad con la otra persona tenemos que tener en cuenta que por muy afin que sea a nosotros tendrá sus pequeñas diferencias que hay que saber respetar.
El crecimiento personal pasa por el respeto y por aprender de la diferencia de la otra persona que a su vez nos complementa. Aunque en un primer momento no lo creamos, las diferencias entre uno y otro hacen que vivamos en equilibrio, ya que la otra persona nos ofrece un punto de vista que no tiene que ser menos válido que el propio y que nos ayuda a aprender y tener una visión más amplia y más completa sobre la vida.
S.O.S Novio/a quejica
La intolerancia está relacionada con la inmadurez de un niño que quiere tener siempre la razón y sentirse el centro del universo y la inseguridad de creer que las diferencias del otro se pueden convertir en una amenaza hacia nuestra persona. Hay personas que se sienten fuertes imponiendo su punto de vista, incluso a costa de poner en evidencia o humillar al otro. ¿Qué demuestra esto?, sin duda alguna la debilidad de quien se quiere imponer sobre el otro.
Si sientes la necesidad de crecerte, y sentirte “por encima o superior”, bien sea intelectual o físicamente sobre la otra persona hazte un favor y mira dentro de lo más profundo de ti mismo/a. En las cloacas de lo que, en algún momento, fue lo mejor de tu persona. Allí donde se pudre lo que pudo ser y no fue, los mejores deseos y los mejores sueños. Desterrados de por vida probablemente cortesía de otro débil e inseguro, anterior a nosotros que en algún momento nos produjo un conflicto interior que sigue sin ser resuelto. Igualito a ti en el momento actual oye.
Nunca habías reparado en ello porque lo estabas camuflando perfectamente con el autoconvencimiento de que eres la persona segura y válida que siempre has deseado, casi mejor de lo que lo haría cualquier secta ‘lavacerebros’.
Si te permites un poquito, muy poquito, de sinceridad, estarás descubriendo que en realidad eres vulnerable, imperfecto, débil, un niño o niña asustando ante los cambios y a que puedan derrumbar su pequeño mundo y su esquema. Ese que se ha edificado sobre las ruinas de todas las experiencias dolorosas que no se han podido superar. Es dentro de ese pequeño mundo donde se edifica la muralla impenetrable de la intolerancia.
Identificado al ‘quejica’, el otro tiene dos opciones, o bien hablar para ayudarle a esta persona a superar su inseguridad y sus duelos no resueltos o si ya traspasa unos límites que rozan la integridad del otro abandonar esta relación destructiva y caldo de cultivo bien de otro intolerante potencial fruto de sus reproches o, peor, que acabe minando la autoestima del otro convirtiéndole en un ser perdido, apático y autodestructivo.
El encanto del otro
Todas las personas son resultado de sus experiencias, si realmente queremos enriquecernos y superar los miedos y los fantasmas del pasado hay que mirar más allá y valorar las virtudes que nos ofrece la otra persona, la perfección de su imperfección, el amor incondicional hacia nosotros al aceptarnos tal y como somos y el convencimiento de que si nos ha elegido realmente es por todo lo bueno que le podemos ofrecer. Ser tolerante con sus diferencias particulares, por muy distantes que estén de las nuestras es la clave para disfrutar de una relación sana y un crecimiento personal completo.




