Arroz blanco con ajo y el cava. Unas preferencias gastronómicas comunes pero con un toque de distinción. Un detalle interesante que habla de cómo es Maribel Verdú, una mujer en plena madurez que ha tenido talento, belleza y determinación como para vivir varias vidas mientras mudaba de piel frente al foco público. Estos días empieza a disfrutar del reconocimiento también en Estados Unidos y el mundo anglosajón, donde esta magnética actriz madrileña ha empezado a meter la cabeza con la última película de Francis Ford Coppola: Tetro. Una cinta que revela de nuevo que el genio de esta intérprete no conoce barreras, ni siquiera la idiomática.
Esta mujer, tan deseada sobre todo en la década de los 80 y 90, ha preferido hacer de la discreción su seña de identidad en la vida privada, donde está casada con Pedro Larrañaga (hijo de los actores Pedro Larrañaga y María Luisa Merlo), con el que sin embargo ha anunciado que no piensa tener niños. Una decisión que está harta de tener que justificar en prácticamente todas las entrevistas que concede. Simplemente, no siente esa llamada. Ella lo tiene claro: lo suyo es el amor, la vida sencilla, los largos paseos por Madrid, su ciudad, y la risa fácil con la que alegrar una tarde cualquiera.
Un cuerpo con gancho
Algunos actores tienen el don de la normalidad. Pero con un punto de magnetismo que les hace adorables para el gran público, a esa estirpe pertenece Maribel Verdú, cuyo cuerpo causó algunos daños al mobiliario urbano de varias ciudades españolas a mediados de los noventa. Suena a broma pero no lo es. Por aquel entonces, una conocida mapa de ropa interior la escogió para promocionar sus prendas. ¿El resultado? Decenas de adolescentes se cargaron las mamparas de las marquesinas de autobús donde estaban alojados los sugerentes pósters. Al final, la marca de lencería acabó regalando las láminas a todos aquellos que se lo solicitaron vía postal…
Anécdotas así definen el influjo sobre el gran público de una actriz que empezó muy pronto en el mundo de la interpretación: con sólo 13 años. Enseguida, empezó a encadenar títulos de éxito, como La estanquera de Vallecas, El año de las luces o Amantes, de Vicente Aranda, papel que según su propia confesión supuso un hito de madurez en su carrera.
Después, vino una etapa de consolidación profesional en la que firmó actuaciones más que notables en cintas como La buena estrella, multipremiado drama de Ricardo Franco o La Celestina. La variedad de registros de esta mujer le permite transitar con naturalidad territorios tan dispares como la comedia, el drama o incluso la ciencia ficción, donde se inició con Guillermo del Toro a través de la película El laberinto del fauno, que le reportó numerosos reconocimientos.
Por el camino, el reconocimiento de los premios ha jalonado el camino de la actriz. Ha sido nominada 6 veces a los Goya, premio que ganó en 2006 con Siete mesas de billar francés, de Gracia Querejeta. Su carrera cinematográfica se ha visto recompensada además con la Medalla de Oro de la Academia Española de Cine y con el Premio Nacional de cinematografía.
Avanzar reinventándose
Pero lo más fascinante de su trabajo es que ha sabido reinventarse varias veces como creadora de personajes. Tanto a la hora de variar el registro como en el momento de cruzar el charco. Hace un lustro o así, Maribel estaba olvidada por los directores españoles. Fue entonces cuando un director mejicano, Alfonso Quarón, se acordó de ella y rodó una fascinante historia mexicana, ‘Y tu mamá también’, que cuajó en infinidad de premios.
Ahora se ha vuelto a arriesgar a lo grande tras decir sí a Francis Ford Coppola y ser pieza capital de su nuevo trabajo: ‘Tetro’, la historia de una familia y sus luchas de poder, sentimientos y emociones sinuosas. Verdú llena la pantalla de ternura, naturalidad y encanto, aunque la historia es irregular. Trufada, eso sí, de algunos momentos llenos de lirismo y poderío visual, que hablan del sello único de su creador.
Verdú relataba que estuvo viviendo una época del rodaje con el genio italoamericano y su mujer, que aprendió a hablar inglés de un día para otro. También confiesa que, aunque lo pasaba bien en amenas veladas, había días en los que le dolía terriblemente la cabeza como consecuencia de sus esfuerzos por exprimir su naciente inglés.
Esperemos que su cuerpo, su cabeza y, sobre todo, su alma se olviden de esos dolores de cabeza. Será la mejor prueba de que esta mujer sigue probándose. Combinando su talento natural para reproducir la vida, con el encanto de la chica de barrio (sus padres regentan todavía una tienda de variedades en el casco histórico de Benidorm) y el magnetismo que a los 39 años (ojos con chispa, cuerpo con swing) la sigue convirtiendo en una de las mujeres más deseadas del firmamento español.





